Muere en Caracas el 12 de mayo de 2014.
Médico venezolano cuyo trabajo ha marcado un hito
importante dentro de los estudios epidemiológicos, al desarrollar una
vacuna para la cura de una de las enfermedades más terribles en la
historia de la humanidad, la lepra. Este notable aporte a la ciencia
médica, le valió ser postulado en 1988 para el Premio Nobel de Medicina.
Fueron sus padres Francisco Convit y Martí (inmigrante catalán) y Flora
García Marrero, venezolana. Quienes aparte de Jacinto, tuvieron cuatro
hijos más, Miguel Ángel, Reinaldo, René y Rafael. Puede decirse que la
familia Convit García fue por mucho tiempo una familia “pudiente”, hasta
que circunstancias extrañas al hogar, precipitaron una crisis económica
que coincidió con los años en que Jacinto debía comenzar sus estudios
universitarios. Su educación secundaria la realizó en el liceo Andrés
Bello (Caracas) bajo la dirección de dos insignes maestros: Rómulo
Gallegos y Pedro Arnal. En 1937 conoció a quien sería su esposa, Rafaela
Martota (enfermera), contrayendo nupcias con ella el 1° de febrero de
1947, siendo padre de cuatro hijos: Francisco (1948), Oscar (1949),
Antonio y Rafael (1952, quienes son gemelos.
El 19 de septiembre de 1932 ingresa a la escuela de
medicina de la Universidad Central de Venezuela. En septiembre de 1937
recibe el título de Bachiller en Filosofía, optando enseguida por el
título de Doctor en Ciencias Médicas, presentando la tesis “Fracturas de
la Columna Vertebral” en 1938. Finalmente, Convit se graduó de doctor
en Ciencias Médicas el 27 de septiembre de 1938. El 25 de junio de 1940
se inscribió en el Libro de Inscripción de los Médicos Residentes en el
departamento Libertador del Distrito Federal como especializado en
medicina interna-enfermedades de la piel. El desempeño
sanitario-epidemiológico de Convit se inicia en 1937 cuando siendo
estudiante de medicina es invitado por Martín Vegas (profesor de
dermatología en la Facultad de Medicina) y Carlos Gil Yépez a asistir a
la leprosería de Cabo Blanco (departamento Vargas, Distrito Federal).
Inmediatamente después de graduado, es designado médico residente de esa
leprosería. Entre 1940 y 1943, paralelamente a su cargo en la
leprosería, trabaja como director ad honorem de la Cruz Roja (seccional
La Guaira), lo que le permite tener una vivencia más amplia de la
clínica médica. Durante este mismo período, asiste también a la consulta
de enfermedades de la piel del Dispensario Central, perteneciente a la
escuela de Venereología, ubicado de Conde a Piñango (Caracas). En
síntesis, a partir de 1937 es imposible separar la vida de Jacinto
Convit de la lucha contra la lepra en Venezuela. Hasta 1942 esa lucha
consistió solamente en el aislamiento y tratamiento de los enfermos en
“leprocomios” que dependían de la Dirección de Asistencia Social del
Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS). En 1945, Convit es
enviado por el Ministerio de Sanidad al Brasil, para observar los
servicios antileprosos de ese país, en el cual la lepra es aún un grave
problema sanitario. Allí encontró 35.000 enfermos de lepra,
hospitalizados en grandes sanatorios, los cuales presentaban múltiples
problemas. A su regreso, es nombrado médico director de las leproserías
nacionales, cargo que desempeñó hasta 1946. Asimismo, de enero a julio
de 1946, Convit es designado médico director de los Servicios
Antileprosos Nacionales, y desde julio de 1946 médico jefe de la
División de Lepra; correspondiéndole por tanto organizar toda la red
nacional de lucha contra la lepra.
En abril de 1961, Convit recibió la Orden del
Libertador en el grado de Comendador y en agosto la Medalla Cultura
Gaspar Vianna, conferida por el Ministerio de Salud del Brasil. Cabe
destacar que durante estos años, Convit invirtió un gran esfuerzo en la
búsqueda de un modelo experimental para la cura de la lepra. Para ello
inoculó mamíferos, reptiles y hasta peces bajo muy diversas condiciones.
En 1989 Convit anunció que había encontrado que armadillos traídos de
la zona cercana a la represa del Hurí (Edo. Bolívar) eran sumamente
susceptibles a contraer el bacilo de la lepra (M. Leprae), causante del
contagio de la enfermedad; a diferencia de los armadillos de otras
regiones. A partir del estudio con estos animales, Convit y su grupo de
investigadores desarrollaron una vacuna que podía ayudar a las personas
enfermas con lepra. Posteriormente, Convit declaró que era viable la
utilización del modelo de vacuna contra la lepra, para curar la
Leishmaniasis. Resultando con el tiempo un completo éxito en la cura de
dicha enfermedad. Como reconocimiento a su labor en la búsqueda de
vacunas para la cura de la lepra y la leishmaniasis, Convit fue
postulado en 1988 al Premio Nobel de Medicina. Pese a presentar
trastornos de salud a partir de 1996, los cuales le obligaron a alejarse
un poco de los laboratorios clínicos, Jacinto Convit muere en Caracas
el 12 de mayo de 2014 a la edad de 100 años.








